Pues, ahora que doy dos clases en Internet, me doy cuenta de los beneficios que aporta este medio. Uno es la auto instrucción. Es decir, el alumno asume el rol de docente lo cual obliga a los alumnos a estudiar, en iniciar la lección, su aprendizaje. Asumen un rol mucho mas activo que el que jamás podría lograrse en el aula tradicional. En el caso del estudio del español, es extremadamente beneficioso.
Enseño los cursos con enfoque en el español y los negocios. Estos son: la globalización del mundo hispánico y el español para los negocios. Estos cursos tienen objetivo concreto: preparar al estudioso de los negocios internacionales/español para llevar a cabo los negocios efectivamente al familiarizarlos con las diferencias culturales. Esto todo para evitar cometer faltas garrafales al entrar en países foráneos. Hasta la fecha, he dado el curso de español para los negocios dos veces y pues, parece ser útil en capacitar a los alumnos en el aprendizaje del vocabulario necesario y familiarizarlos con datos culturales de Latinoamérica y España.
Pero, por mi parte, me doy cuenta que me obliga a anticipar dudas que puedan surgir, informar con bastante antelación de eventos próximos…en fin, me obliga a ser un maestro más organizado. La instrucción es realmente diferente. Puesto que soy profesor de español, de una lengua, la manera que me comunico con los alumnos tiene que adaptarse, que desarrollar. Ahora, ya no tengo a los alumnos en frente de mí para dirigirlos como un cuerpo de pre profesionales. En la clase, se aclaran dudas y así se logra el aprendizaje colectivo. Esto es importante, porque la duda más pequeña se convierte en terrible inconveniente que impide el desarrollo normal de la clase y del aprendizaje.
Pero, ahora, en esta etapa inicial, esto ni aplica. El reto es avanzar a aquellos a quienes les dificulta aprender cierto concepto. No los tengo delante de mí ni soy tan accesible. El estudiante se ve obligado a ingeniárselas y pues, averiguar, indagar y rascarle hasta encontrar la respuesta a su duda. Esto sí motiva el ingenio, la creatividad y el aprendizaje por parte del alumno.
En nuestro sistema universitario, a los alumnos se les facilita la instrucción a un extremo. La instrucción, las ponencias, pueden llegar a ser una experiencia unilateral, sobre todo en los cursos de cultura. El alumno se sienta a escuchar y se puede sentir distanciado, aunque el profesor está al alcance. Pero, al maestro no se le toca.
En línea, el alumno tiene que iniciar su aprendizaje, tiene que motivarse para cumplir los componentes del curso. Ahora que el profesor verdaderamente está fuera del alcance. No está presente. No es una parte íntegra de la docencia. Ahora somos como administradores y no tanto docentes. El rol del alumno y del maestro ha modificado.
Se escuchan quejas de todo tipo…estudiantes quienes prefieren estar en el aula y sentarse a recibir la ponencia sin participar en lo absoluto. Ahora, cada alumno se ve forzado a no sólo aprender sino que se convierte en instructor también. Esto resultará difícil para aquellos quienes no gozan de la motivación para aprender y será un verdadero oasis para aquellos que siempre han compartido sus ideas con el instructor que tiene enfrente.